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Vysarane: Capítulo 77 – Fina línea

Justo antes de que aparecieran los primeros rayos de sol, Vysarane escuchó dos golpes contra la puerta, justo después detectó la presencia de Yarden al otro lado. Un suspiro de alivio abandonó sus labios.

—¿Te han seguido? —abrió la puerta y notó la respiración acelerada de su compañero.

—No, pero he tenido una larga noche… —Contestó y alzó sus manos.

—Por las dos lunas, chico, ¿qué te ha ocurrido en las manos? —preguntó Norwin y se acercó inmediatamente para ver las heridas que el joven mercenario sufrió en las palmas.

—Logré entrar en la mansión de Tendriel. —Esbozó una amplia sonrisa e ignoró el dolor.

—Pasa, pasa. Pronto empezarán a aparecer mercaderes por aquí. —Lo apresuró el capitán, mientras cerraba la puerta de inmediato—. ¿Has entrado a su mansión…? —preguntó una vez estuvo dentro—. Por Odealenia… Estáis hechos tal para cual, vosotros dos. —Suspiró—. ¿Y bien?, ¿qué has visto?

—Ha traído cientos de armas a Ner… Las vi con mis propios ojos…

—¿Tendriel? —preguntó el capitán.

El joven asintió con la cabeza.

—También tenía esto. —Mostró el pergamino dorado inmediatamente después.

—¿Qué ocurre? —la voz de Uren apareció por la escalera.

—Yarden ha decidido robarle a nuestro querido amigo de Morgan. —Contestó Vysarane, sin poder evitar sonreír ante la delicada situación.

—¿Por qué demonios harías eso? —preguntó mientras bajaba y posaba su mirada en las heridas de su compañero.

—Creí que podía ser importante, está escrito en otro idioma, uno que desconozco… —Mostró el extraño pergamino de papel.

—Precisamente por eso. Si es importante pronto tendrás la ciudad entera buscándolo. Reza por que solo sea un artefacto que haya decidido robar en una de sus incursiones… —Suspiró y agarró los brazos del joven para ver con atención cómo se había provocado semejantes magulladuras—. Ni si quiera comprobaste si habían estacas sobre la muralla… Es un milagro que hayas logrado salir de ese lugar sin que nadie te viera. —Murmuró Uren.

—No seas tan duro con él. —Dijo Norwin, pensativo—. Hace poco Remmie y yo estuvimos en su mansión, y por mucho que indagáramos, no vimos señal del armamento que cuenta… El emperador debe haberle enviado esos sables hace poco. —Dedujo.

—No. —Contestó otra voz, que apareció por el pasillo trasero.

—Remmie… —Norwin se giró y posó su mirada en la del alcalde—. El chico ha rescatado un pergamino del general. —Explicó.

—Lo he escuchado. Pero te equivocas, si Frolic hubiese querido abastecer esta región con más soldados y armamento no lo hubiera escondido, puedo decir con seguridad que esas armas no son imperiales, aunque vayan a servir al propósito del emperador… —Contestó.

—¿De quién son entonces?, ¿Riane? —preguntó Uren.

—Puede, pero en ese caso no sé a quién empleará para empuñarlas… Quizá no haya sido tan mala idea robar ese pergamino… —Agregó y miró el brillante trozo de papel—. Dejámelo, quiero saber en que idioma está escrito.

Remmie agarró suavemente el dorado papel y lo desenrolló para leer cuidadosamente los extraños jeroglíficos, sin lograr descifrar ninguno después de un par de minutos.

—¿Y bien? —preguntó Norwin, expectante.

—Ni idea, se parece al idioma enano, pero no reconozco ninguna de las letras… —Admitió.

—Puede que se trate solo de una reliquia. —Contestó Uren, acercándose para ojear también el antiguo escrito—. No parece de este continente… —Observó.

—¿Cómo lo sabes?

—Un antiguo amigo me mostró una inscripción que utilizaba estas palabras hace mucho, en Sanera. —Explicó.

—Pero, no es feleno. —Replicó Remmie.

—Ya, no parece ser ninguna misiva. Por suerte para ti. —Contestó el líder mercenario mientras miraba al joven mercenario—. Esperemos que Tendriel no le tuviera un cariño especial, ciertamente no parece barato… Aunque ahora tiene otras cosas de las que preocuparse—. Ven. Te vendaré en condiciones. —Agregó, al notar el sufrimiento que Yarden reprimía ante todos.

—Descansad, mañana nos espera un largo día. —Dijo Remmie, y dirigió sus pasos al despacho por dónde Vysarane había salido esa misma tarde…

Vysarane sonrió mientras todos caminaban hacia su lugar de descanso. Al final su compañero del sur había tenido razón, aquel joven era más valioso de lo que inicialmente había creído…

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