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Vysarane: Capítulo 83 – La ayuda de Bert

Después de unos días la calma regresó poco a poco a Ner. Uren había visto cómo Remmie y su capitán calmaban a la población después de haber perdido el liderazgo de Tendriel, cosa que a primera vista el líder mercenario hubiera jurado avivó la ciudad mercante. Pero el alcalde todavía tenía en mente la realidad de vivir en el corazón del imperio, y aguardaba en cualquier momento un inminente emisario de Frolic, preparado para convencerlo de que aquello no se trataba más que de un desafortunado asesinato instigado por la corrupción del caballero…

—¿Deberíamos marcharnos? Podemos confiar en Remmie… —Dijo Kirstán, mientras daba un trago a su bebida, dentro de la misma taberna que había servido de hogar para Uryon todo ese tiempo.

—Sí… Tenemos que salir de aquí, pero quiero esperar a ver quién llega de Aben’dil, todavía hay muchos en la capital que pueden suponer un problema para nuestro querido alcalde—Contestó Uren.

—¿Qué bien hará saberlo? Si el imperio descubre que todo esto ha sido para devolverle el poder a Remmie, no hay nada que podamos hacer a estas alturas. ¿No deberíamos hacer algo? ¿En Aben’dil? —Comentó Pevek, extrañado.

Uren suspiró, sabía que su compañero tenía razón.

—Después de ver a Vysarane partir, no quiero pensar en lo que debemos hacer en la capital… No todavía.

Justo en ese instante la puerta se abrió de par en par y llamó la atención de todos en el interior, que vieron como aparecía un extraño personaje a través de la puerta, un personaje que el líder mercenario reconoció de inmediato…

—¡Maestro, ‘na pinta por favor! —Bert no pudo evitar sonreír al ojear el local, ver un ambiente más animado del que se había encontrado en Yrmne lo alegró profundamente, especialmente después de cabalgar todos esos días en solitario.

—Las lunas me lleven. —Alzó la voz el líder mercenario, sin dar crédito a lo que veía.

—¿Uren? —exclamó Bert, sin ocultar su sorpresa cuando cruzó la mirada con el grupo de bandidos—. Bendita ‘i suerte, vengo en busca de tu grupo, y ‘a primera taberna que entro os está guardando… —Sonrió, mientras se acercaba lentamente hacia el mercenario.

Uren recordó los últimos momentos que había compartido con el mercader en Senfel, e inevitablemente llevó sus pensamientos al joven imperial que había asesinado…

—’e robaron todas las mercancías en Yrmne… —Sonrió Bert, e hizo alzar más de una ceja.

—¿Mi caballo también? —preguntó Uren.

—No, hace falta ‘lgo más para robar ‘se animal… Por suerte… —Dijo el mercader, a la vez que detenía sus pasos ante la mesa e indicaba al tabernero que le sirviera su bebida junto al grupo.

—Este es Bert, uno de los caballeros que me ayudó en la ciudad rebelde. —Explicó, mientras observaba el rostro que sus compañeros pusieron al ver una persona desconocida hablar con su grupo.

—Caballero ‘ice… —Rio el mercader, mientras se sentaba en uno de las sillas libres ante la mesa—. Antes ‘e verme con ese nombre, veréis a ‘as dos lunas llorar. —Bromeó.

—¿Qué te trae hasta nosotros? Si hubiéramos decidido partir antes, no nos hubieras encontrado. —Preguntó Uren.

El semblante del mercader se ensombreció.

—Aún tengo dudas de cómo hicisteis con Uimir… —Comenzó a hablar, un vacío se formó en el estomago del mercenario, gesto que Kirstán y Pevek notaron de inmediato—. Pero ahora entiendo porqué llegaríais ‘sta esos extremos para combatir contra Frolic… —Agregó.

Uren no pudo evitar sentir cierta tristeza ante aquellas palabras. Había visto al mercader viajar en incontables ocasiones dentro y fuera del pueblo rebelde, pero era evidente que en la nación, los cambios que él y su grupo apreciaban, no todos los veían con la misma simpleza.

—Lamento que hayas tenido que darte cuenta perdiéndolo todo… —Se limitó a contestar el mercenario.

—Quiero ayudaros. —Dijo Bert, con una actitud completamente distinta a la que había observado en Senfel—. Algo ‘e dice que vuestro grupo es tratado a menudo como fugitivos, ¿no? —agregó, los mercenarios sonrieron.

—Esa era una de las razones por las que nos debemos marchar. —Sonrió.

—Yo puedo ayudaros, ¿’ién sospecharía ‘e un mercader inculto que entra a las ciudades ‘ónde os resguardéis? —propuso, Uren no pudo evitar sentir una profunda sorpresa.

—¿Quieres hacer llegar las mercancías a nuestro grupo…? —se extrañó Kirstán, era la primera vez que oía hablar de aquel carismático personaje.

—Sí. —Lo miró Bert, sin un ápice de duda en sus palabras.

—Tranquilo, nos podemos fiar de su palabra, lo que dudo es de poder darte el trabajo que crees que necesitamos… —Contestó Uren.

—¿Quién es Uimir? —preguntó Pevek.

Tanto Uren cómo Bert dudaron un instante, hasta que finalmente el mercenario decidió contestar.

—Era un joven imperial que maté en Senfel. Era… era conocido suyo… —Contestó con una frialdad e incomodidad que hacía tiempo ninguno de los mercenarios presenciaba.

—Perdonad si os ofendo pero en ese caso, ¿cómo podemos confiar en él? —Señaló Pevek al comerciante, e hizo aún más incomoda la situación en la que se encontraban.

—Por qué sé ‘a diferencia entre un guerrero luchando por un futuro mejor para su país que s’ ha visto obligado a hacer algo que preferiría evitar, y ‘os asesinos que Frolic envía para controlar sus tierras. —Contestó Bert.

—¡Ja! —exclamó Kirstán, mientras le daba una fuerte palmada en el hombro al mercader y después un largo trago a su bebida—. Me gusta tu mirada, me recuerda a la de una buena amiga… Sincera. —Agregó, y miró a su líder—. ¿Confías en él?

El mercenario dejó escapar un suspiro antes de contestar.

—Sí, aunque entiendo porqué podría odiarme… Pero su lealtad está con el pueblo, no me cabe la menor duda. —Comentó Uren.

—Entonces, no veo porque no podría ayudarnos con las mercancías de la capital. —Terminó su bebida el sureño.

Uren se quedó pensativo unos instantes, y observó al mercader.

—Bert, acompáñanos, iremos al norte, hacia Gintas. —Dijo finalmente, mientras sentía como un profundo peso se levantaba de sus hombros—. Allí podremos ver cómo encajan tus habilidades en nuestra organización…

El viejo comerciante asintió con la cabeza.

—Brindo por ‘so. —Contestó mientras alzaba su bebida.

—Gracias por escucharme… —Agregó Uren, y bajó la mirada a la mesa un instante, mientras pensaba en todas las vidas que se habían perdido los últimos años dentro de la nación… Avergonzado por su inhabilidad de ver algo que ahora parecía tan evidente…

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