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Vysarane: Capítulo 5 – Diez años después

El chocar de las espadas resonaba dentro del claro en el mismo bosque que habían utilizado para entrenar durante todo ese tiempo, en las afueras de Ner.

—¡Más rápido! ¡debes controlar en todo momento dónde pones tus pies! —gritó Helenia, antes de volver a arremeter sin impunidad contra su joven pupila.

—¡Si mueves tan rápido tu espada no puedo oír dónde está! —se quejó Vysarane al ser golpeada por enésima vez en el brazo, protegidos solo por unos refuerzos de cuero.

—¿Crees que tus enemigos reducirán su velocidad si se lo pides amablemente? —preguntó la mercenaria entre risas—. Si quieres acompañarnos, deberás aprender a ver la espada de tu adversario en todo momento. —Añadió.

A pesar de la frustración que la adolescente sentía, Helenia estaba increíblemente orgullosa. Durante esos últimos años, había visto crecer a esa niña asustada que habían encontrado entre las ruinas del pequeño pueblo hasta que la joven fue capaz de detectar a cualquier persona observando en las cercanías, además de defenderse increíblemente bien con la espada, algo que Helenia jamás creyó posible dada su discapacidad.

—¡De nuevo! —contestó la joven.

—¡Vysarane! ¡Helenia! —las interrumpió Pevek mientras llegaba estrepitosamente al lugar dónde siempre practicaban, entre jadeos.

—¿Qué ocurre? —preguntó la mercenaria, preocupada.

—El imperio, Frolic ha hecho regresar a ese guerrero de Morgan… —Explicó.

—¿Qué guerrero? —dijo Vysarane, confusa.

—Tendriel…

El rostro de Helenia esbozó una mueca al escuchar ese nombre.

—¿Conoces la academia Morgan verdad? —volvió el rostro hacia su alumna.

—Si… Los mejores guerreros del emperador… —Murmuró la adolescente.

—Vamos, los demás esperan para hablar… —Les apresuró su compañero.

Las dos agarraron sus empuñaduras del suelo y siguieron a Pevek hacia el edificio que había hecho de su hogar durante todos esos años.

—Pensaba que solo iban a lugares donde había guerra… —Murmuró Vysarane mientras caminaban.

—A veces el emperador envía a sus guerreros al interior, para solucionar los asuntos más graves de la nación… —Explicó—. Si ese asunto somos nosotros, no será sabio quedarnos aquí. —Agregó preocupada.

—No es a nosotros a quién el imperio busca. —Dijo Pevek desde delante—. Es tu hermano el que está causándole problemas a ese malnacido.

—¿Remmie? —se sorprendió la joven—. ¿Por qué?, el pueblo ha prosperado desde que Frolic lo hizo gobernador de esta provincia… —Añadió confusa.

—Al parecer el bienestar de los ciudadanos no genera suficientes tributos para la capital, hasta el capitán de la ciudad lo dice abiertamente en la taberna… Todo Ner lo sabe.

—Por las dos lunas… —Suspiró la mercenaria al escuchar las palabras de su amigo.

—De todas formas Tendriel estaba destinado a regresar, sinceramente me extraña que haya aguantado tanto tiempo dentro de esa maldita academia… Con él aquí las cosas se pondrán difíciles para nosotros, debemos ir con cuidado. —Agregó.

En apenas minutos los tres alcanzaron su hogar y se introdujeron por la puerta trasera, situada directamente ante el lindero del bosque. Al entrar, divisaron al resto de mercenarios reunidos en el salón.

—¿Te ha explicado qué ocurre? —preguntó Uren a Helenia nada más verlos.

—Sí…

—Debemos decidir si nos quedaremos aquí. Con Tendriel y sus hombres pululando por la ciudad corremos un riesgo mucho mayor… —Dijo el capitán, apesadumbrado—. Pero por otra parte, esta es una buena oportunidad para conseguir información sobre la capital si decidimos arriesgarnos. —Agregó, pensando siempre en cómo aprovechar cualquier contratiempo—. Sé que no querrías abandonar a tu hermano a su suerte.

—No…

—Tendriel no es idiota, si el emperador le ha encomendado solucionar este problema en Ner, irá por Remmie, pero no de forma directa. —Dijo Kirstán pensativo.

—Nos quedaremos aquí, pero quiero asegurar un lugar para nosotros en caso de vernos obligados a huir. Iré hasta Senfel, Fredwik se encuentra allí ahora, él nos podrá ayudar en caso de que ocurra lo peor. —Suspiró Uren finalmente—. Los demás debéis tener cuidado, pero si os mantenéis ocultos no veo porqué deberían enfocarse en nuestro grupo, mantened la guardia alta y no hagáis tonterías hasta que regrese.

—Entendido. —Asintió Kirstán y Helenia, casi al unisono.

—Vysarane, ven un momento. —El capitán miró a la adolescente cuando finalizó.

Uren guió a la niña por la misma puerta que habían tomado hacia el interior instantes atrás, y cuando llegaron al camino que llevaba al lindero del bosque, comenzó a hablar.

—Tendriel es un gran guerrero y una de las personas que Helenia detesta más en este continente. —Comenzó—. ¿Recuerdas cuando llegamos aquí?, estabas con nosotros cuando escuchó el nombre de su antigua compañera.

Vysarane intentó recordar, sin comprender a su líder.

—Solo me acuerdo de oírla furiosa… Quería matar a alguien… ¿Verdad?

Uren esbozó una sonrisa apagada.

—Sí, a Riane y me temo que ahora quiere hacer lo mismo con Tendriel. —Dijo soltando el aire acumulado en sus pulmones—. Tú eres como una hija para ella, si alguna vez la notas inquieta, o a punto de realizar una locura como ese día, háblale, eso la hará entrar en razón. —Sonrio. El mercenario rebuscó entre su capa y sacó un bulto que tenía envuelto en un trapo de tela—. Quiero que tengas esto, tu propia daga. —Le otorgó orgulloso la vaina conteniendo el afilado cuchillo—. Helenia dice que no estás preparada y ciertamente no te llevaría con nosotros todavía, pero nunca está de más tener algo para defenderte. —Sonrio mientras observaba como la adolescente tomaba con un cuidado infinito el arma blanca que le acababa de entregar.

En vez de observarlo con entusiasmo la invidente joven tocaba el puñal meticulosamente, para comprender exactamente qué forma tenía después de solo unos segundos.

—Muchas gracias. —Dijo, antes de guardar la nueva y flamante daga en su cinto de cuero—. ¿Cuanto tardarás en regresar? —Le preguntó a Uren, con más curiosidad que preocupación.

—No lo sé, si todo funciona cómo lo he planeado, solo estaré fuera unas semanas, sino… Espero que no me lleve más de un mes—. Pero no te preocupes, pocas cosas cambiarán para ti, solo sigue las palabras que he dicho antes y todo irá bien. —Esbozó una sonrisa—. Ya es hora… —Agregó el líder mercenario, antes de mirar hacia la puerta, por donde salió Pevek cargando un macuto para él, así como una toga oscura para ocultar los utensilios más incriminatorios que portaba.

Uren observó a la joven impasible y al mercenario acercarse a hurtadillas hacia los dos, pero Vysarane se giró de inmediato; hacía tiempo que ninguno de ellos lograba sorprenderla desde las sombras.

—Maldita sea, pensaba que en una situación como esta podría pillarte desprevenida. —Rio el guerrero.

—Quizá cuando Uren regrese puedas conseguirlo, si entrenas un poco más… —Bromeó Vysarane.

Pevek no contestó, se limitó a poner su mano en la cabeza de la joven y revolver su hermoso pelo blanco.

—Nos ha salido una insolente, ¿a quién se parecerá…? —Dijo entre risas antes de apartar la mano segundos después.

El resto de mercenarios apareció por el umbral del edificio que había servido de hogar durante todos esos años—. Toma, tu equipaje. —Agregó finalmente el guerrero.

—Tened cuidado. Y tú, recuerda mis palabras. —Uren cogió el macuto y miró a Vysarane, adoptando un tono serio al despedirse; por su respiración y tono de voz, a la adolescente le pareció evidente que estaba más preocupado de lo que quería aparentar.

—Lo haré. —Asintió.

—Que las lunas te protejan. —Agregó Kirstán en un tono tranquilo, sin dejar de esbozar esa brillante y caracteristica sonrisa en ningún momento.

—Ten un buen viaje. —Se acercó Helenia, la última en salir del extraño hogar que habían formado en Ner.

El capitán mercenario miró a sus compañeros por última vez y aseguró sus bienes, antes de caminar hacia el bosque.

La adolescente se quedó inmóvil en el patio trasero hasta que no pudo escuchar más los pasos del guerrero.

Vysarane tenía un nudo en el estomago, no sabía explicar por qué, pero podía sentirlo en el aire… Sus vidas estaban a punto de cambiar…

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