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Vysarane: Capítulo 14 – La sombra de un gigante

—¿Has averiguado algo? —preguntó el miembro de la academia a Kiran, el guerrero más fuerte del grupo y el único enano.

—Dos cosas. —Dijo el soldado—. Uryon no está muy feliz con vuestra orden, pero en su conversación con Pertas parecía decidido a pagar su parte del trato.

—¿Y lo segundo? —comentó el capitán.

El enano titubeó.

—Cuando nos acercamos a esos dos, vi a una joven espiandonos desde un tejado, creo que era solo una niña… —Explicó Kiran. Tendriel miró a su soldado, extrañado—. Apenas logramos ver su figura… —Agregó el enano.

—¿Cómo habéis dejado que una niña escape? —preguntó con severidad.

—Se esfumó en un instante… Antes de poder correr tras ella desapareció por los callejones de la ciudad, sin duda conoce Ner mejor que cualquiera de nosotros… En cuanto a por qué escuchaba nuestra conversación, lamentablemente no sé cómo contestar…

El comandante imperial quiso decir algo, pero el enano lo interrumpió con un gesto.

—Su pelo era muy claro… Cómo el de los ancianos. —Murmuró, y vio el semblante de su líder cambiar por completo al escuchar aquel detalle.

El enano lo miró, sin comprender.

—¿Qué ocurre?, ¿sabes quién es?

—No. —Sonrió—. Pero sospecho con quién puede estar… —Agregó.

Tendriel se incorporó y se acercó a la única ventana en la habitación, para mirar a los aldeanos caminar en el exterior.

—Dejarla escapar los habrá alertado, debemos hacerles pensar que todavía mantienen el control de su ciudad, que se sientan seguros… —Comentó, a la vez que meditaba para si mismo—. Dile al resto del grupo que no hagan nada hasta que diga lo contrario, debemos hacerles bajar la guardia. — Agregó con serenidad.

—Cómo digáis. —Contestó Kiran al instante.

Justo antes de que el enano saliera al pasillo de la taberna, escucharon dos firmes golpes contra la puerta que llamó la atención de los guerreros.

—¿Esperamos a alguien? —le preguntó Tendriel a su soldado, que negó con la cabeza.

El imperial se llevó la mano al cinto y agarró de forma instintiva la empuñadura de su arma.

—¿Quién va? —Alzó la voz.

—Soy yo. —Contestó una ronca voz a través de la puerta.

—Reikiavik. —Suspiró Kiran al reconocer la voz de su aliado.

El comandante de Morgan alzó una ceja extrañado, no había planeado encontrarse con uno de los lideres de Gur’kal en pleno territorio imperial.

—¿Qué hace él aquí? —le preguntó a su guerrero ante la escasa sorpresa que mostraba en presencia del conocido académico.

—Lo mismo que nosotros, intentar mantener la estabilidad de la región… —Dijo el enano antes de abrir el cerrojo, para dejar pasar al viejo habitante de la cordillera.

Nada más abrir la puerta, el viejo de las montañas entró sin dar tiempo a los imperiales para invitarlo.

—Gracias a las dos lunas que Kiran decidió contactar conmigo. —Dijo este de inmediato, sin dejarle un instante al comandante para saludar—. Las misivas que vuestros compañeros enviaron al corazón de la montaña me hicieron pensar que Ner estaría en ruinas cuando llegase… Veo que los humanos todavía encontráis satisfacción en exagerar. —Agregó el viejo neari, e hizo una leve reverencia al enviado de Aben’dil.

—A mi también me alegra verte. —Contestó Tendriel—. No sabía que contaríamos con la presencia de un líder de la ciudad subterránea.

—Claramente no. —Respondió Reikiavik—. Pero no estoy aquí para reprochar las acciones del imperio. Solo he venido para acordar ciertas… Garantías. —Añadió.

Kiran miró nervioso al miembro de la academia subterránea, sin esperar aquella confrontación con el guerrero de la academia.

Pero Tendriel no se había molestado en absoluto con la actitud que el enviado de Gur mostraba, al contrario, encontraba divertido que alguien tuviera las agallas suficientes como para confrontarlo.

—Y dime, ¿de qué garantías me hablas?

—No finjas conmigo, cualquier comandante que se precie conoce el valor que esta ciudad tiene para nosotros. ¿O crees que todo el sustento de mi ciudad nace de las minas? —dijo Reikiavik, sin apartar la mirada del prestigioso guerrero.

—Lamentablemente vuestra dependencia no libera a esta ciudad de sus impagos, me temo que no hay nada que pueda hacer… —Contestó el imperial.

Reikiavik calló durante un corto instante.

—Pero si puede liberar a vuestra capital de nuestro metal… —Respondió finalmente, en el mismo tono.

Un silencio sepulcral invadió la habitación, el rostro afable de Tendriel cambió a uno serio y apagado.

—Cuida tus palabras viejo amigo, es vuestra ciudad la que se verá afectada por todo esto, no nuestro arsenal, incluso si decidís no proveer más lingotes para nosotros.

Kiran miraba desde una esquina, ahora comprendía la severidad de aquella delicada situación.

—¿Puedo al menos saber qué necesitáis enmendar exactamente?, solo he oído del pago desmesurado que Ner debe hacer, los rumores ya corren por las calles, pero si de veras conoces el estado de la ciudad, es evidente que todo esto no se resolverá con solo desearlo. —Suspiró el viejo enano.

El imperial miró al líder neari, sin expresión alguna.

—Solo buscamos resolver esa deuda, nada más. —Reiteró Tendriel, y provocó un suspiro frustrado en Reikiavik—. Pero si lo que te preocupa son los suministros de tu ciudad, puedo hacer que envíen todas las mercancías que necesitéis a través de Senfel… —Agregó.

Al escuchar aquella propuesta, el semblante del viejo académico se iluminó con intriga.

—¿Sacrificaríais la economía de esta población solo por un tributo? —se sorprendió el enano.

—Senfel está más cerca del ojo del abismo, y a diferencia de Ner, podrá hacerse cargo de los tributos que la capital debe recaudar. Es simplemente más conveniente para todos. —Explicó Tendriel—. Además no la estamos sacrificando, solo… Ajustando para que su mercado se acerque al que realmente puede soportar. —Agregó.

—Pero aún no. —Intervino Kiran y miró a su capitán y después a Reikiavik—. Se hará si no cumplen con este pago… —Se explicó.

—El tributo deberá ser entregado en ese plazo, pero no recuerdo haber acordado mantener esta ciudad cómo foco comercial del imperio. —Tendriel miró a su soldado—. Si es más efectivo mover esa ruta a Senfel y reducir la capacidad de Ner, se hará. —Dijo con firmeza.

Kiran no respondió, pero sabía muy bien que aquel cambio condenaría a múltiples personas de la ciudad.

—Daré esta conversación por terminada, mover la ruta a Senfel debería bastar para Gur’kal. Y ahora, si me disculpáis, una damisela me espera. —Se incorporó Tendriel y caminó hacia la puerta.

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