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Vysarane: Capítulo 16 – Noche escarlata

El murmullo de las hojas dificultaba la capacidad para escuchar de la joven.

Vysarane estaba empapada en sudor y había corrido durante al menos una hora, pero al oír el sonido del viento, sus alrededores se volvieron misteriosos e impredecibles, algo que detestaba confrontar.

Después de caminar unos metros se detuvo y se apoyó sobre un árbol macizo para detener sus pensamientos e intentar calmar sus nervios.

Las palabras de los otros mercenarios habían hecho mella en su interior, a pesar de no temer encontrar enemigos en su camino, aquel sonido era suficiente para ensordecerla unos cortos instantes, y gracias a ello, se sentía indefensa en medio del bosque que intentaba atravesar.

A los pocos minutos la joven logró respirar y reanudó la marcha por el bosque oscuro.

Pero al hacerlo una voz la sorprendió. No había sido capaz de escucharla con la fuerte brisa hasta que estuvo a solo unos metros.

—¿Quién va? —se le erizó el pelo al escuchar aquel desconocido tan cerca, sin haberse percatado.

Vysarane se arrojó de inmediato a unos arbustos, y procuró hacer el mínimo ruido posible.

—¿Has visto algo? —Dijo una segunda voz mientras acercaba sus pasos peligrosamente hacia la adolescente, que todavía se mantenía oculta entre la oscura vegetación.

—No estoy seguro, creo que he visto movimiento en esa dirección.

La joven no pudo identificar hacia dónde apuntaba, pero sabía que debía moverse con cautela, como le había enseñado su maestra.

Vysarane abrió la bolsa que colgaba de su cinto con sumo cuidado, y agarró una piedra casi tan grande como la palma de su mano.

Antes de actuar respiró profundamente para calmar los latidos de su corazón… Y cuando se sintió segura y tranquila, la arrojó hacia la otra punta, contra el tronco de otro árbol.

—¡Ahí! —exclamó la primera voz que había escuchado.

—Espera. —Dijo con calma el segundo hombre, quieto, para observar con detenimiento sus alrededores.

—«Mierda» —pensó Vysarane, su distracción no había funcionado.

La imagen del lobo gris que Kirstán le había dado inundó poco a poco sus pensamientos, y comenzó a entrar en pánico a medida que ese desconocido se acercaba irremediablemente hacia ella.

—¡Aquí! —exclamó a solo unos metros de la joven cuando la divisó, gracias a la antorcha que el bandido portaba.

Vysarane no titubeó, al ser avistada comenzó a correr como nunca había hecho antes—. ¡Rodéala! —agregó y señaló hacia la oscura figura de la mercenaria, mientras la perseguía por la maleza a toda velocidad.

La adolescente respiraba con fuerza, corriendo por su vida, apenas lograba esquivar los múltiples árboles que aparecían en su camino. El viento todavía soplaba con fuerza y junto al incesante ruido que los dos desconocidos hacían tras ella, era casi imposible divisar con claridad qué había a su alrededor.

Después de evitar una docena de troncos y arbustos con más suerte que habilidad, la joven chocó violentamente contra uno de ellos y cayó de bruces al suelo.

Vysarane no pudo evitar emitir un gemido de dolor, que indicó exactamente dónde se encontraba a sus perseguidores.

La joven se intentó arrastrar hacia un lugar seguro, pero antes de lograr adentrarse en la maleza una mano tiró violentamente de su pelo y la arrojó al suelo una vez más.

—Mira qué tenemos aquí. —Dijo el hombre que no había logrado engañar, sin dejar de respirar con fuerza.

Su compañero se acercó a los pocos segundos, entre jadeos.

—Puede correr rápido… La muy mal nacida… —Intentó recuperar el aliento.

—Sí… —Murmuró el hombre que la había atrapado, que miraba con intriga el rostro tapado de la joven—. No puede ver. —Agregó en un tono que Vysarane pudo identificar claramente… Ese bandido estaba disfrutando con su dolor.

Antes de poder decir palabra alguna, el primer bandido la agarró con fuerza y cortó su toga con una daga afilada, desnudando parte de su pecho.

La joven comenzó a gritar cuando supo las intenciones de esos dos desconocidos.

—¡Dejame! —dio una patada en su rodilla para intentar zafarse.

—¡Quieta! —le devolvió un bofetón tan poderoso que la adolescente cayó al suelo sin oponer resistencia.

Vysarane intentó arrastrarse por la tierra para alejarse, en vano.

—Por favor… —Murmuró, podía sentir lagrimas brotar de sus ojos destrozados.

Pero sus plegarias solo fueron respondidas con una risa malévola, mientras agarraban con fuerza su cuerpo contra la tierra.

—¡Sostenla! —ordenó el primer hombre a su compañero, a la vez que desgarraba sus vestiduras.

La adolescente respiraba agitadamente, sentía la sobrecogedora fuerza del bandido que la mantenía fija contra el suelo…

—¡MALDITOS ANIMALES!

Una tercera voz cargada de ira apareció de entre la oscuridad, que sorprendió tanto a Vysarane como a sus atacantes. Era la voz de Helenia.

El bandido que sostenía a la joven giró su rostro para ver de quién se trataba, y encontró la figura de una guerrera que acercaba sus pasos hacia el a una velocidad abrumadora.

Temiendo ser atacado, soltó a la adolescente y desenvainó su arma antes de dar un paso hacia ella para recibir el inminente ataque…

Pero aquella persona era demasiado rápida, en dos furiosos y veloces movimientos la mercenaria logró tirar el arma de sus manos temblorosas y cortar limpiamente su mano, sin darle tiempo a reaccionar.

El hombre se arrodilló y sostuvo con fuerza su brazo, entre gritos de dolor.

Mientras chillaba, un tercer espadazo fue directamente hacia su cuello y cortó limpiamente su carne hasta tocar hueso, que le hizo toser una cantidad inmensa de sangre mientras dejaba escapar un gorgoteo indescifrable, envuelto en una profunda agonía durante sus últimos momentos.

El segundo guerrero seguía sobre Vysarane, y al comprobar el escaso tiempo que tenía para coger su arma, decidió agarrar con fuerza el gaznate de la adolescente.

—¡Un paso más y le rompo el cuello! —gritó, para detener los pasos de la guerrera.

Al verla titubear el bandido comenzó a subirse los pantalones frenéticamente, con intención de escapar.

Pero entonces, sintió el frío tacto metálico de una daga atravesar su espalda.

El bandido abrió los ojos por completo, y los posó sobre la joven que le había clavado el cuchillo, antes de poder actuar, ya era demasiado tarde, sus extremidades perdían fuerza por momentos y finalmente cayó sin vida sobre Vysarane.

La adolescente había logrado coger el arma de su cinto en un corto instante.

—¡¿Estás bien?! —Helenia se acercó de inmediato, y apartó el fresco cadáver del bandido que había intentado abusar de ella. La joven se arrojó a los brazos de su maestra, temblorosa—. ¡¿Qué demonios haces aquí?! —agregó.

Vysarane no contestó, no podía dejar de apretar con fuerza a su maestra.

En solo dos días había experimentado la emoción de tentar a la suerte y salir airosa. Y ahora, había aprendido lo horrible que podía resultar la otra cara de esa misma moneda…

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