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Vysarane: Capítulo 19 – Arle

Riane tocó dos veces a la puerta, aún había luz en el exterior pero estaba decidida a actuar esa misma noche, y debía asegurarse de que todos sus compañeros tuvieran clara su misión.

—¡Abre, Arle! —exclamó después de tocar por tercera vez.

—Ya, ya. —Abrió la puerta irritado el mercenario, mientras se terminaba de colocar la camisa—. ¿Qué ocurre? —preguntó de inmediato, al ver el rostro impaciente de su líder.

—El grupo de Helenia se ha dividido, debemos aprovechar para actuar. —Explicó.

—¿Qué habíais pensado? —dijo a la vez que se colocaba el cinturón y buscaba su espada para equiparla.

—Buscar a Kirstán y los demás, Uren y Helenia han salido de la ciudad pero todavía podemos usar al resto para atraerlos… —Explicó mientras se adentraba en la habitación y se acercaba a su guerrero—. Pero todavía puedes esperar para vestirte… —Suavizó su tono y besó sus labios, a la vez que cerraba la puerta tras ella.

Riane se comenzó a desvestir e indicó a su guerrero que hiciera lo mismo, sin dejar de acariciar su brazo.

Arle se quitó la camisa, no había tenido tiempo de ni ajustarla…

El bandido llevó su mano al pecho de su líder, a la vez que desabrochaba el cinturón que se acababa de poner.

Durante un largo minuto el silencio invadió la habitación, solo interrumpido por los besos y las caricias que estaban intercambiando.

El suave tacto de su piel envió una señal al joven guerrero, que arrojó el cuerpo medio desnudo de su líder hacia la cama, para ir tras ella inmediatamente después.

El bandido miró el cuerpo de Riane, tenía marcas en todos sus recovecos; cortes, magulladuras… Una piel esculpida por la batalla y sin embargo, aquel cuerpo era el que más le excitaba.

—¿Dónde quieres empezar a buscar? —preguntó entre jadeos, mientras besaba su vientre desnudo y subía lentamente hasta alcanzar su escote, para abrir lentamente los últimos botones de la blusa que cubría su pecho.

Arle comenzó a tocar su piel desnuda suavemente, y buscó una vez más la boca de su amante para besarla con pasión.

—En las afueras… Cerca de la mina… —Contestaba ella, entre beso y beso.

Riane se quitó el pantalón de cuero junto a las dagas y su única espada, arrojándolo todo al suelo.

Su compañero comenzó a bajar tímidamente con su mano, buscaba acariciar el muslo desvestido de su capitana.

Cuando notó la fría mano tocar su pierna, Riane soltó un suspiro de grata sorpresa y posó su fogosa mirada en la del guerrero, mientras respiraba con fuerza.

Después de unos instantes, Arle insertó sus dedos húmedos en Riane, y la hizo respirar con aún más intensidad.

El bandido comenzó a mover su mano con delicadeza, sin disimular su intento por aguantar la insaciable necesidad de acelerar, a la vez que oía con cada vez más fuerza los crecientes gemidos de su líder.

Cuando no pudo aguantar más, se deshizo de sus vestiduras inferiores, y acomodó su cuerpo encima de la mercenaria, besando sus pechos una vez más…

Al juntar sus cuerpos, los suspiros de ambos incrementaron tanto en volumen que cualquier duda de ser escuchados fuera de la habitación fue disipada, pero a ninguno le importaba… A medida que el calor de sus cuerpos les empujaba a un trance cada vez más absorbente, el guerrero comenzó también a jadear con fuerza, sin dejar de besar los húmedos labios de Riane.

—¡Ah…! —Exclamó ella, sin dejar de mirar al joven bandido con el rostro impregnado en sudor, que hacía brillar su blanca piel bajo la tenue luz, con su fino cabello completamente desordenado.

Los gemidos de la mercenaria se convirtieron poco a poco en tímidos gritos de placer, que excitaban todavía más a Arle, que había olvidado por completo sus esfuerzos por contenerse…

Entonces, se escuchó un segundo golpe en la puerta, antes de que los dos amantes llegaran a su clímax.

—¿Riane? —La mercenaria reconoció la voz del lobo gris detrás de la puerta.

—¡Por las dos santas lunas, Jianri!, ¡si no te vas en este mismo instante te cortaré personalmente el cuello! —gritó la líder del grupo, y provocó una sonrisa en Arle, que a pesar de la distracción no se detuvo, e hizo que dijese esas palabras entre gemidos.

Ambos seguían jadeando sobre las sabanas cuando empezaron a reír, solo unos minutos después de la súbita interrupción, cubiertos en sudor.

El guerrero miró a Riane, y se acercó para besarla una vez más, ahora invadido por un sentimiento de calma.

—¿Vamos? —le susurró ella mientras posaba su mirada en el cuerpo desnudo del guerrero.

Arle acarició su cuello y besó su frente, antes de poner los pies en el suelo de madera.

—Estoy preparado. —Contestó con una sonrisa, y se vistió rápidamente…

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