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Vysarane: Capítulo 20 – Rugido de aceros

Pevek miró hacia la puerta por enésima vez. Aún seguía preocupado por el bienestar de su joven compañera, hacía varias horas que había abandonado Ner, pero ahora no podía hacer más que confiar en ella.

—¿Cuando crees que regresará?, no sé si esto ha sido buena idea… —Le preguntó a Kirstán, sin esforzarse en disimular su nerviosismo.

—Tranquilo, ya sabes cómo se mueve, si no hubiera estado con nosotros en el bosque, no hubiéramos encontrado ese mensaje… —Dijo el sureño para tratar de calmarlo, a pesar de compartir el mismo sentimiento que su amigo.

—No me puedo quedar de brazos cruzados mientras Vysarane sale en medio de la noche para buscar a Helenia, debe haber algo que podamos hacer aquí. —Se incorporó.

—¿Dónde vas? —preguntó Kirstán, extrañado, normalmente mantenía la calma en este tipo de situaciones.

—A tomar el aire, quiero pensar. —Contestó Pevek, y caminó hacia la puerta trasera.

—¿En pleno día?, ¿estás loco? —comentó su compañero, sin comprender.

—No te preocupes, no iré al centro de la ciudad si es lo que te preocupa, solo quiero pasear entre la vegetación, ahí no me verán. —Abrió la puerta, y dejó al sureño adentro.

El poderoso brillo del sol deslumbró al mercenario durante unos segundos, pero conocía de sobras el camino, y podía observar a varios metros la arboleda que rodeaba gran parte de la población.

Una vez entró al bosque, su visión se comenzó a acostumbrar de inmediato a la luz del día, y pudo ver con claridad los hogares de la población mercante desde ahí.

Pevek caminó con calma y observar las múltiples alimañas corretear a su lado para intentar ocultarse calmaban el torrente de malos pensamientos que invadía su mente.

El mercenario dirigía sus pasos hacia el camino dónde habían recuperado la nota de aquel grupo de bandidos, para investigar bajo la luz del día.

En apenas minutos, el mercenario alcanzó el sendero dónde su compañero había sido atacado, y reconoció las pisadas que ellos mismos habían dejado la noche anterior.

El humano avanzó hacia el monasterio, pero desde la vegetación, y procuró mantenerse a un lado para evitar ser visto por las patrullas que frecuentaban aquel trecho durante el día.

Los pensamientos de Pevek lo habían llevado a pensar en el grupo de Riane, los bandidos que más le preocupaba. Tendriel y sus hombres sin duda suponían una amenaza para su grupo, pero ellos debían disimular ante la población, algo que sabía con certeza no preocupaba a su otra enemiga.

—…y lo dejasteis ir? —preguntó la ronca voz de un neari desde el camino, yendo hacia Ner.

Pevek se agachó de inmediato y observó a un grupo de soldados imperiales liderado por la baja figura.

—Sí, la nota de sus atacantes confirmaba sus palabras… Fueron esos tres quienes lo atacaron. —Escuchó contestar al soldado más adelantado, junto al líder del grupo.

—¿Y no se os ocurrió que podía haber una razón detrás del ataque? —replicó el enano, decepcionado.

Antes de que el joven soldado pudiera contestar, el guerrero de Tendriel alzó su mano y detuvo al pequeño pelotón.

—Tú. —Alzó la voz y miró directamente hacia el escondite dónde Pevek se había tratado de ocultar—. Sal de los arbustos. —Lo señaló.

El mercenario miró su atuendo y solo entonces se percató de su error, su prenda oscura lo ayudaba a pasar inadvertido por la noche, pero durante el día, entre los vivos colores del bosque solo llamaba la atención.

—Perdón. —Se disculpó de inmediato—. Pensaba que había escuchado un grupo de bandidos, he oído que atacaron a alguien aquí anoche… —Mintió.

—Hemos apostado guardas al principio del camino, ¿han sido ellos los que te han dejado pasar? —preguntó con recelo Kiran, sin dejar de mirar al sospechoso personaje emerger de entre la vegetación.

—Acostumbro a tomar un atajo… No los he visto. —Contestó mientras intentaba descifrar las intenciones de aquellos soldados, era la primera vez que veía a un enano trabajando para el imperio en Ner.

El capitán agarró su espada de guerra, y miró con un semblante de enojo al humano.

—¿Por qué vendrías por medio del bosque sino para ocultarte de nosotros? —agregó.

Pevek comenzó a respirar con fuerza, al comprender que aquel grupo de imperiales no lo dejaría marchar así como así.

—Solo he seguido el camino que sigo siempre. —Llevó su mano a la empuñadura, temiendo la inminente lucha.

El enano miró el oscuro atuendo del mercenario, así como la hoja que tenía envainada.

—Tú no eres habitante de Ner, ningún miembro de la iglesia entraría a la capilla de las dos lunas vestido de negro. —Puntualizó y apuntó con su espada hacia el bandido—. ¡Atrapadlo! —Agregó, y envió a sus soldados tras él.

Pevek desenvainó su espada, preparado para responder ante los primeros guerreros.

Conocía a todos los soldados que formaban el pelotón excepto el capitán, y a pesar de tratarse de sus enemigos, una oscura sensación invadió todo su ser, no quería luchar.

Antes de ser alcanzado comenzó a correr hacia el interior del bosque, pero su enemigo estaba demasiado cerca, solo era cuestión de tiempo hasta que los más jóvenes del grupo lo alcanzaran.

El primer golpe vino del soldado que había hablado con Kiran, este fue el primero en alcanzarlo dentro de la maleza.

Pevek se giró al notar aquel primer contrincante cerca, y respondió ante su arremetida con un ágil golpe.

—¡Atrás! —gritó el mercenario, mientras blandía su espada para hacer retroceder al enemigo.

Pero este no cedió, al contrario, los gritos del bandido hicieron que la confianza invadiese al joven guerrero, que cargó una vez más contra Pevek.

Al comprobar que no podría escapar sin luchar, dio un profundo suspiro de impotencia, y decidió combatir empleando toda su habilidad.

El primer choque de aceros fue brutal y caótico, pero cuando el mercenario logró recomponerse, sus movimientos se vieron transformados, y sorprendió al imperial, que se vio envuelto en una marea de arremetidas cada vez más veloces.

—¡Aún te queda muchos años de entrenamiento para derrotarme! —gritó Pevek, podía sentir con claridad la falta de sutileza que su enemigo mostraba, en solo un instante logró herir su brazo con dos movimientos, y lo dejó sangrando en el suelo del bosque, para esperar inmediatamente después a la arremetida de los demás guerreros.

Al ver la habilidad que su enemigo mostraba, Kiran alzó su ronca voz.

—¡Deteneos! —Gritó—. Dejádmelo a mi. —Añadió y miró con renovado interés al mercenario.

Pevek miró al enano, sabía muy bien la fuerza que aquella especie exhibía, debía esquivar todos y cada uno de sus golpes si quería tener una ínfima esperanza de escapar con vida.

La velocidad con la que Kiran arremetió al emplear todo su poder era abrumadora, incluso Uren, el más rápido del grupo se hubiera visto intimidado ante semejantes ataques.

El mercenario decidió saltar hacia atrás para esquivar el mortífero golpe, e intentó golpear con su propia espada, a pesar de la distancia que los separaba.

Al enano no le costó interceptar aquella estocada, y lo empujó inmediatamente después con su acero hacia atrás.

—¡Ríndete!, ¡es tu única posibilidad! —Gritó.

Pevek esbozó una sonrisa sarcástica, mientras se esforzaba en mantener el equilibrio.

—Me subestimas, enano. Todavía puedo escapar. —Agregó.

Mientras el guerrero neari intentaba acortar la distancia entre los dos, el bandido sacó de su bolsa una esfera brillante.

Kiran reconoció el luminoso material de inmediato.

—¡Polvo de estrellas!, ¡cubrid vuestros ojos! —Ordenó a sus hombres.

Pevek arrojó el objeto al suelo del bosque y lo hizo estallar en mil pedazos contra el tronco de un árbol, antes de emitir un poderoso destello capaz de cegar al feleno más entrenado.

El mercenario no perdió ni un instante, cuando soltó la bola compacta se giró de inmediato y comenzó a correr hacia la ciudad una vez más.

Cuando pasaron unos segundos, Pevek miró atrás, los imperiales seguían con el rostro cubierto, rodeados del blanco material que caía a su alrededor en forma de polvo.

El guerrero no pudo evitar sonreír mientras corría con todas sus fuerzas a través de la vegetación, y perdía de vista a sus enemigos en apenas segundos…

—«Ha comenzado» —pensó.

Los guerreros de la ciudad los buscarían frenéticamente después de ese encuentro… Después de tantos años, el grupo estaba a punto de vivir una nueva cacería…

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