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Vysarane: Capítulo 21 – Visión

Helenia paró en seco mientras observaba sus alrededores, la tarde había comenzado a llegar a esa región, pero notaba algo extraño en el ambiente…

—Vysarane espera, algo no va bien… —Dijo la mercenaria.

—¿Ves algo? —Preguntó la adolescente, sin percibir ruido alguno con su oído.

—En la ciudad hay demasiadas antorchas moviéndose por las calles, no puedo permitir que entres con tanta gente patrullando. —Comentó Helenia, sin comprender qué había ocurrido en Ner—. Ven, intentaremos llegar a casa sin que nadie nos vea. —Le indicó la mercenaria, y dirigió sus pasos hacia el bosque.

Mientras salían del camino, vieron como una patrulla seguía su misma dirección, con el atuendo imperial de la capital.

—¿Cuantos son? —preguntó Vysarane, desde aquella distancia solo podía identificar el sonido que emitían sus armaduras.

—Seis pero habrá más en Ner, debe haber ocurrido algo… —Contestó Helenia caminando cada vez más rápido hacia la vegetación.

Una vez dentro, la tenue luz que penetraba las copas de los árboles les permitió moverse sin apenas mostrar su figura, incluso desde unos pocos metros.

—Oigo algo, enfrente. —Advirtió la adolescente, al notar otra patrulla merodear entre la arboleda.

—¿Dónde? —preguntó su maestra.

—Ahí. —Señaló con un dedo al norte.

—Debemos buscar otra ruta… —Murmuró.

—Espera vienen hacia aquí, si nos escondemos podremos continuar mientras caminan en la otra dirección. —Propuso la joven.

—Recuerda qué ocurrió cuando intentaste esconderte yendo hacia la aldea. —Comentó Helenia, y llevó la mano a su empuñadura.

—Esta vez es diferente, hoy no sopla el viento, funcionará. —Comentó la joven de mal humor.

La guerrera dejó escapar un suspiro y la miró con seriedad, considerando su plan.

—Está bien. —Decidió depositar su confianza en la aptitud de Vysarane—. Rápido, ¿dónde nos escondemos?

—Allí, mientras haya oscuridad no nos verán arriba. —Señaló hacia la copa del árbol más cercano.

—¿Cómo has sabido lo alt… —La mercenaria se interrumpió y esbozó una sonrisa.

—Subiré primero. —Comenzó a escalar de inmediato la adolescente, sabía exactamente dónde pisar a pesar de su discapacidad.

Helenia imitó las meticulosas acciones de la joven, impresionada por los sutiles movimientos y su precisión, hasta finalmente llegar a la cima…

—Hacía tiempo que no te veía subir a las ramas más altas. —Comentó al recordar las veces que había sorprendido a la joven de pequeña, acordándose también del miedo que le provocaba verla colgar de semejantes alturas.

Pero esos pensamientos se disiparon rápido, cuando los soldados estuvieron justo debajo, ambas se esforzaron en mantener la respiración y no emitir ningún ruido, mientras atendían con cautela en dónde ponían su atención los guerreros de Frolic.

Vysarane contó al menos una docena de hombres caminar hacia el oeste, por el mismo sendero que llevaba hasta Ner o la capilla de las dos lunas, según el sendero que escogieran un poco más adelante.

—Van a la iglesia. —Dedujo Helenia, antes de buscar por dónde descender.

La adolescente notó un nudo en su estomago al recordar la pequeña investigación que había conducido con Kirstán y Pevek la noche anterior, era cada vez más evidente que aquella movilización había sido culpa suya.

—No podemos volver a la base, no hasta que podamos camuflarnos entre los habitantes de día. —Agregó la mercenaria.

Vysarane había aprendido esa lección tiempo atrás, y aunque le atemorizaba deambular por las afueras de la población mercante con semejante vigilancia, sabía muy bien que tenía razón.

—Se han alejado lo suficiente, es seguro bajar. —Dejó escapar un suspiro de frustración.

La joven se colgó de la rama más gruesa y puso el pie en un agujero del tronco, recordando exactamente por dónde había escalado mientras descendía con la misma gracilidad que al subir.

Helenia tanteó a ciegas la superficie del tronco en busca de apoyo, pero al colocar su peso encima de una rama, su pie resbaló y la hizo caer al suelo desde casi dos metros.

Vysarane se acercó de inmediato al escuchar el golpe seco contra la tierra.

—¡¿Estás bien?! —Alzó la voz y se apresuró a ayudarla.

—Estoy bien… —Dijo de mal humor, mientras se incorporaba—. Solo ha sido un rasguño. —Agregó y palpó sus extremidades, para comprobar la veracidad de sus palabras—. ¿Nos han oído? —Preguntó la mercenaria, preocupada por los soldados que acababan de pasar.

—No, no puedo sentir a ninguno. —Contestó la joven sin dejar de mantener la compostura.

—Sígueme, no podrás ir a casa todavía, pero hay un lugar dónde ni si quiera el imperio se atreve a entrar sin una buena razón. —Helenia cambió el rumbo de sus pasos.

—¿Dónde? —Se extrañó Vysarane, un lugar así sonaba demasiado bueno cómo para ser cierto.

—No todos los miembros de la liga de las lunas querían matarme, un amigo en la iglesia nos acogerá hasta que todo esto se calme… —Explicó la guerrera, incapaz de pensar en otra alternativa—. Lástima que sea una persona algo… Complicada. —Agregó, y por sus palabras dejó claro a la adolescente que esa alternativa, era solo un poco mejor que la otra…

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