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Vysarane: Capítulo 27 – Rabia

—¡CORRE! —exclamó Helenia sin dejar de apresurar a su pupila, debían adentrarse cuanto antes en el bosque y salir por el otro extremo, hacia Ner.

La mercenaria se percató del sombrío rostro que la adolescente había adoptado poco después de abandonar la iglesia, pero no logró reunir las fuerzas suficientes como para preguntarle qué ocurría… Lo podía intuir sin necesidad de palabras…

—Bastián… —Murmuró la joven.

—Lo sé… —Contestó la mercenaria en un tono más melancólico del que pretendía—. Ya lo sé… —Agregó sin decir más, y corrió con todas sus fuerzas a través de la frondosa vegetación.

Después de unos minutos, Vysarane comenzó a escuchar la incesante marcha de sus enemigos a través del bosque, que se acercaban peligrosamente hacia las dos.

—¡Debemos llegar al pueblo! —gritó la joven, siendo capaz de distinguir con cada vez más claridad las pisadas del sanguinario grupo de bandidos.

Helenia observó en la lejanía los edificios que formaban la población mercante a través de los árboles, debían asegurarse de entrar sin ser reconocidas o el sacrificio de su antiguo compañero habría sido en vano.

—Por aquí. —Alzó la voz mientras corría hacia el norte, aún no estaban fuera de peligro y sabía que dirigirse hacia los demás miembros del grupo con Riane detrás sería cuanto menos arriesgado.

En las afueras de Ner ya no se podían divisar tantos soldados como la noche anterior, pero Helenia no pudo evitar sentir cierta confusión ante semejante tranquilidad, era la primera vez que veía al imperio cambiar de parecer en tan poco tiempo.

—Sigue atenta… —Le advirtió a Vysarane, mientras decidía entrar a las calles de la ciudad mercante, para solo ver a un puñado de mercaderes montar sus puestos a primera hora.

La adolescente decidió prestar atención exclusivamente a aquellos que portaban armadura, temía ser reprendida por las fuerzas del imperio y sabía muy bien que también iban tras ellas.

—¿A dónde vamos… ? —Preguntó.

—Debemos escondernos hasta que todo esto pase, después volveremos con Kirstán y Pevek. —Contestó Helenia sin dejar de mirar en todas direcciones mientras mantenía las apariencias—. Por aquí. —Tiró de la mano a su pupila.

La mercenaria se adentró por uno de los callejones más estrechos que salían de la calle principal, justo antes de que apareciera una patrulla.

Sabía que ese angosto pasadizo llevaba directamente hasta la plaza central, pero decidió continuar a pesar del riesgo que suponía acercarse al corazón de Ner.

—Estamos yendo al centro. —Murmuró Vysarane, consciente de dónde se encontraban.

—Lo sé, salir a las afueras ahora sería un suicidio, Bastián creía que Riane y el imperio estaban trabajando juntos, si Tendriel ha apostado centinelas en las otras salidas será cuestión de tiempo hasta que nos encuentren si escapamos al bosque… —Explicó y apretó el puño, consciente de las pocas alternativas que tenían.

—Por los tejados. —Dijo la joven mercenaria súbitamente, podía sentir la presencia de varios aldeanos cerca.

—¿Los tejados? —preguntó Helenia.

—Arriba será más difícil que nos encuentren, así escapé de ese grupo que me persiguió hace unos días. —Contestó, segura de la poco convencional estrategia.

—Pero es pleno día, nos verán con fac…

La mercenaria paró en seco y posó la mirada detrás de Vysarane.

—Aquí estáis…

La adolescente se giró, podía reconocer esa voz masculina.

—Remmie… —Murmuró Helenia al ver a su hermano, antes de llevar su atención al segundo hombre que lo acompañaba.

—No hay tiempo, he hecho regresar a las fuerzas, pero Tendriel les ordenará patrullar cuando se dé cuenta. Venid conmigo. —Explicó rápidamente el alcalde.

Helenia titubeó.

—¿Cómo nos has encontrado? —preguntó, sin comprender por qué las ayudaría después de la desafortunada conversación que tuvieron la última vez.

—La había visto, desde la calle. —Señaló a Vysarane—. Cuando escapó hace unos días, Uryon y los demás vieron qué aspecto tenía, era cuestión de tiempo hasta que una patrulla os detuviera. —Explicó apresuradamente—. Venid, rápido, si nos encuentran junto a vosotras no os podré ayudar. —Insistió sin disimular su nerviosismo.

La mercenaria suspiró, y aceptó sin decir nada.

—Sígueme, Vysarane. —Le dijo a su pupila, al ver la desconfianza que aquellos dos hombres provocaban en la joven.

Norwin no parecía el mismo sin la emblemática armadura de la ciudad, pero era evidente que ambos se habían deshecho de sus protecciones para pasar desapercibidos entre sus calles.

El capitán avanzó primero para buscar posibles amenazas en la calle principal.

—¿Qué ha ocurrido? —Preguntó Helenia—. Nunca me ayudarías de esta manera bajo circunstancias normales. —Agregó.

—Te contaremos más cuando estemos seguros, en las calles hay demasiados oídos. —El líder de Ner comenzó a caminar, al ver la señal del capitán.

—¿Dónde vamos? —preguntó la adolescente.

Remmie sonrió, nervioso.

—A mi casa, ahí no os buscarán.

—¿Cómo estás tan seguro? —alegó Helenia.

—Por qué les he hecho llamar allí, os esconderemos frente a sus narices. —Contestó.

—¡Vamos, tenemos poco tiempo! —les apresuró Norwin, mientras las calles seguían relativamente vacías.

Remmie y las dos mercenarias se acercaron mientras posaban toda su atención a las calles de Ner, a pesar de que el hogar del alcalde estuviera a solo unos metros, en medio de la plaza.

—Helenia, ven conmigo. —Comentó el capitán de la ciudad—. Remmie acompañará a la joven, será mejor si nos ven entrar en grupos de a dos. —Agregó.

El capitán salió primero a la calle seguido de la mercenaria, que aceptó sin titubear las palabras del guerrero.

—No te preocupes. —Susurró la maestra de la joven, consciente de que Vysarane la podía escuchar incluso desde varios metros.

—Me impresionó saber que alguien tan joven como tú pudo escapar de esos imperiales. —Sonrió Remmie, atento a los movimientos de su capitán y su hermana, mientras esperaba al momento justo para seguirlos.

—Fue pan comido. —Se limitó a contestar ella—. Ahora. —Agregó la joven, consciente de todo lo qué ocurría a su alrededor.

Vysarane salió del callejón, y se adentró en la plaza.

Remmie se fijó en la tremenda habilidad que la joven tenía para reconocer exactamente qué ocurría a su alrededor, a pesar de su edad y evidente discapacidad.

Ambos alcanzaron la puerta a su hogar un par de minutos después de que Norwin y Helenia alcanzaran el umbral de la puerta.

—Seguidme. —Suspiró el alcalde una vez estuvo bajo la seguridad de su techo…

Afuera, una bocanada de humo abandonó los labios de un alegre e incansable anciano, a la vez que esbozaba una extraña sonrisa ante lo que acababa de presenciar…

—«Interesante…» —Pensó Reikiavik, y le dio un profundo sorbo a su pipa…

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