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Vysarane: Capítulo 31 – Seguridad

Vysarane seguía en silencio a su maestra, y notaba, incluso sin verla, la ira que bullía en su interior mientras se intentaban alejar del centro de Ner.

—Iremos con los demás, te dejaré con ellos y regresaré a la aldea. —Dijo secamente, y puso toda su concentración en no ser detectada mientras caminaba por aquellas calles infestadas de soldados imperiales.

Las dos mercenarias recorrieron las calles sigilosamente hasta dar con el edificio dónde los demás mercenarios estaban ocultos de las rampantes búsquedas de Tendriel, pues sabía que su hermano no podría hacer nada si las encontraban.

—Cuidado, cinco a nuestra derecha. —Dijo Vysarane, había detectado la presencia de sus perseguidores antes de que su maestra pudiera verlos.

—Ven. —Le indicó Helenia rápidamente, y se ocultó contra la muralla, antes de ver aparecer a un grupo de centinelas inmediatamente después.

Los cinco caminaban despacio y miraban freneticamente a su alrededor, pero la muralla dónde estaban las logró ocultar milagrosamente, y los vieron desaparecer justo después entre las calles de la ciudad mercante. Las dos guerreras soltaron un profundo suspiro y continuaron sin titubear, sabían que cuanto más esperaran entre las calles de Ner menos posibilidades tendrían de ver a sus compañeros sin una horda de imperiales detrás…

—Estamos cerca. ¿Oyes a alguien más? —preguntó Helenia.

La adolescente negó con la cabeza.

Podían sentir tensión en el ambiente a la vez que acercaban sus pasos al hogar que las había acogido durante tanto tiempo sin percances.

Cuando estuvieron al lado, tanto Helenia como Vysarane pusieron todo su esfuerzo en detectar cualquier posible perseguidor, pero no encontraron a ningún soldado o bandido merodeando cerca.

—Vamos, rápido. —Le indicó a su pupila, y la hizo correr primero hacia la puerta.

Al llegar, Vysarane tocó como había hecho incontables veces antes, y aguardó impaciente la respuesta de Kirstán o Pevek desde el interior.

Después de un interminable minuto, la puerta se comenzó a deslizar hacia dentro, y mostró el rostro del sureño que miraba a su alrededor con la misma cautela.

—Entrad, rápido. —Dijo al ver a sus dos compañeras—. Es peligroso estar afuera. Desde que Pevek se enfrentó a ese enano las calles están repletas de malditos soldados. —Se quejó. Entonces, Kirstán se volvió hacia sus compañeras entre la seguridad de esas paredes, y dejó escapar un sonoro suspiro de alivio—. Me alegra ver que estáis bien, pensábamos que Tendriel os habría atrapado. —Sonrió, y se acercó para compartir con sus dos compañeras un caluroso abrazo.

—Hola. —Respondió Helenia entre sus brazos, mientras sentía un alivio similar después de haberse escabullido durante toda la noche de los guerreros imperiales—. Vysarane me ha dicho que la llevasteis en su primera misión. —Dijo inmediatamente después, y provocó un ligero vacío en el estomago de su compañero.

—Gracias a ella pudimos recuperar ese mensaje. —Sonrió Kirstán, y se volvió hacia atrás, para intentar quitarle importancia.

Helenia miró seriamente al sureño.

—Casi la matan en el bosque.

El mercenario se volvió hacia la adolescente.

—¿Te atacaron…? —Preguntó mientras una ola de culpa lo invadía por dentro al ver a la joven responder afirmando en silencio—. Lo siento… Tenía que haberla acompañado… —Se disculpó de inmediato.

—Por suerte pude intervenir a tiempo, la próxima vez, pensad un poco antes de enviar a la más inexperta del grupo en solitario.

Un silencio interminable invadió la habitación, que fue interrumpido solo por las pisadas de su otro compañero.

—Pevek. —Lo miró Helenia, mientras agachaba la cabeza—. Hemos oído que tuviste un altercado con uno de los guerreros que acaban de llegar desde Aben’dil. —Agregó, sin apartar sus ojos del guerrero—. Le estaba contando a Kirstán sobre la aventura de Vysarane. Unos bandidos la atraparon en el bosque.

—Pero estoy bien… —Murmuró Vysarane—. Además, fui yo quién les pidió ir, no quería quedarme de brazos cruzados mientras los demás os arriesgabais. —Agregó.

Su maestra suspiró, y miró entre asustada y orgullosa a su pupila, y en lo que se había convertido.

—Te pareces a mi. —Dejó escapar otro suspiro, divertida—. Solo os pediré que tengáis más cuidado… Hemos descubierto que Tendriel y Riane trabajan juntos, posiblemente los enanos también, aunque ese anciano no parecía muy agradecido por las acciones de nuestro muchacho con aires de grandeza… —Explicó.

—¿El imperio y ese grupo de malnacidos? —preguntó Kirstán, incrédulo.

—Me temo que sí, Riane atacó la iglesia está misma mañana, creo que Tendriel la está utilizando para terminar con aquellos que se oponen a él aquí… —Contestó, y volvió la mirada hacia una de las ventanas, para ver la luz del día atravesar el fino cristal—. Debo regresar… En las afueras me podré reunir con Uren para decidir qué hacer, a él le será imposible venir aquí si aumentan la seguridad de la ciudad…

—¿Y nosotros? —preguntó Pevek.

—Deberíais pensar en ir hacia Senfel… Por mucho control que el emperador diga tener ahí, será mejor que esconderse durante meses en esta casa con soldados patrullando a todas horas… —Dijo Helenia, apesadumbrada.

Los dos guerreros no pudieron evitar mostrar su preocupación.

—Esperad aquí hasta que tengáis noticias mías o de Uren, saldremos juntos en unos días. —Agregó la joven—. Ahora debo regresar, por la conversación que mi hermano tuvo con Tendriel, no me extrañaría ver el número de soldados aumentar por estas calles. —Se acercó hacia la puerta trasera, y observó por una rendija al exterior, para buscar cualquier señal de centinelas en el lindero del bosque—. Nos veremos en unos días. —Al pronunciar aquellas palabras, abrió la puerta y se alejó súbitamente.

Vysarane escuchó las pisadas de su maestra alejarse hacia la vegetación, hasta que no pudo sentirlas más.

—¿Te encuentras bien? —preguntó Kirstán, mientras observaba la actitud de su joven compañera.

Antes de poder contestar, Vysarane corrió tras su maestra.

—¡Espera! —alzó la voz el sureño, en vano.

La adolescente se adentró aún más rápido que Helenia en el bosque, bajo la impotente mirada de sus dos compañeros.

—Déjala, cuando encuentre a Helenia le dirá que regrese, querrá decirle algo importante… —Dijo Pevek al ver las intenciones de Kirstán.

—Espero salir de está maldita ciudad en unos días… —Comentó este… y miró una última vez hacia los árboles, antes de entrar de nuevo a la seguridad de su refugio.

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