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Vysarane: Capítulo 33 – Tres días después

Uren alzó la vista, mientras observaba en silencio el claro color del cielo y veía, al norte, la población que había abandonado días atrás… Sin poder evitar sentir ciertas expectativas ante todo lo que había averiguado de sus aliados en Senfel.

—¿Te debes ‘sconder? —preguntó Bert a su lado, consciente del riesgo que correría si entraba sin mas a la población junto a un forajido como él.

—Me temo que sí… ¿Crees que entre el cargamento será suficiente?, ¿o prefieres que baje e intente llegar al pueblo de noche? —asintió el mercenario, sin querer poner en peligro al alegre mercader.

—Por el bien de ‘os dos, creo que separarnos es ‘o que las lunas querrían que hiciéramos… —Contestó Bert, después de meditar durante unos interminables segundos.

—Sí… Si debes llevar eso a Norwin, mejor no estar junto a mi cuando se lo entregues. —Uren notó como el campesino aminoraba la marcha de las monturas que tiraban de su carruaje.

—Entonces… ‘sto es un adiós. —Detuvo completamente la marcha, y volvió su mirada al mercenario que lo había acompañado durante todo ese camino.

Uren bajó de su asiento y acarició el pelaje de su montura.

—Espero que te sirva tan bien como a mí. —Sonrió.

—Se’, yo también. —Contestó Bert, entre risas.

—Ten cuidado en la ciudad, no hables de los rebeldes o nosotros con nadie, estos días no puedes confiar en nadie dentro de Ner. —Advirtió el líder mercenario, y se apartó del sendero para dejar paso al mercader.

—Tranquilo, e’ imperio no sabrá que he ‘stado aquí. —Dijo, y movió las riendas de nuevo para reanudar su viaje.

—Con suerte nos encontraremos por Senfel en unas semanas. —Agregó Uren, y alzó la mano para despedirlo.

—Temo que mi siguiente lugar es Bestas, si continuáis en Senfe’ dentro de unos meses, seguramente vuelva… —Calló un instante—. Que ‘as dos lunas te acompañen, Uren, ellas saben que necesitas más su ayuda que yo. Suerte. —Se despidió, y dejó finalmente al mercenario en medio del camino.

—«Por fin de vuelta.» —Suspiró, y se adentró en la vegetación para pasar desapercibido justo después, sabía perfectamente hacia dónde debía dirigirse…

***

Cuando por fin llegó el dulce tono del atardecer, Uren se percató de lo complicada que sería su misión, había visto un número inusual de antorchas iluminarse dentro del bosque, consciente de lo mala que sería la situación en las calles de Ner si ahí ya debía esforzarse en ocultarse. Podía sentir un frío sudor recorrer su espalda al comprender el gran número de soldados que el imperio había movilizado en la ciudad mercante.

Después de casi ser encontrado por enésima vez, notó como esos ominosos encuentros aminoraban a medida que se alejaba de Ner.

Justo antes de la última luz, observó un brillo lejano, uno que no pertenecía a una antorcha ni un farolillo… Había dado con la aldea que su compañera había elegido para ocultarse.

Cuando acercó sus pasos, siguió la tenue iluminación reflejada en las hojas de los árboles, tras uno de los edificios de aquel lugar, sin poder evitar sentir cierta expectación por ver a sus compañeros…

Pero al pasar la muralla de piedra que formaba aquel hogar abandonado en silencio, al líder mercenario le dio un vuelco al corazón, Pevek y Kirstán estaban sentados alrededor de una pequeña fogata, con un rostro tan cansado y alicaído que era difícil de ignorar, incluso en aquella penumbra… Sin señal alguna de las mujeres del grupo.

—¿Qué hacéis vosotros dos aquí? —preguntó, y sintió un halo de preocupación al pronunciar esas palabras. También logró sobresaltar a los dos guerreros, que reaccionaron por instinto y agarraron la empuñadura de sus armas, hasta que vieron el familiar rostro del líder mercenario.

La mirada de Kirstán se llenó de lagrimas al escuchar la voz de su líder, sin poder contestar si quiera a la simple pregunta.

Pevek se levantó en silencio, y se acercó a Uren para darle un fuerte abrazo, mientras intentaba explicar algo con la voz quebrada.

—Encontraron el cadáver de Helenia… Cerca del río… Gace solo unos días. —Logró contestar, antes de agachar la cabeza mientras decía aquellas palabras malditas.

Uren no dijo nada, un agujero negro se había formado en su interior, estaban hablando de su amiga, de su compañera más antigua, y al escuchar sobre su partida, su mente lo introdujo en un estado incapaz de sentir nada.

—¿Y Vysarane…? ¿Dónde está? —Temió preguntar, al ver que la joven no se encontraba por ningún lado.

Pevek negó con la cabeza.

—El día que la… Que asesinaron a Helenia, Vysarane la siguió al bosque, pero nadie la ha encontrado… No sabemos qué es de ella… —Añadió, con la voz rota.

Kirstán se incorporó súbitamente, y alejó sus pasos del fuego para introducirse en la maleza, incapaz de pensar en sus dos compañeras sin sentir una aguja de amargura directamente en el corazón.

—No nos queda nada en Ner… Riane y los demás han vencido… —Dijo Pevek después de un interminable minuto, sin esforzarse en ocultar su dolor al ver la reacción del líder mercenario.

—Mierda… —Murmuró este—. ¡MIERDA! —Gritó súbitamente, y golpeó la muralla trasera del edificio con su puño.

El mercenario se sobresaltó al escuchar la poderosa voz de su líder—. ¡Esos malnacidos pagarán! —Agregó Uren, enfurecido.

—¿Cómo…? Riane se ha aliado con Tendriel, entre los dos controlan el pueblo, y Remmie no puede hacer nada para detenerlos… —Suspiró Pevek, cansado.

—No. Pero todavía queda gente en Senfel capaz de confrontar a ese grupo de sanguijuelas. —Contestó Uren, mientras veía como el sureño regresaba desde la vegetación, atraído por sus gritos—. Iremos al sur, Fredwik podrá prestarnos su ayuda, no me importa si nos lleva años, quiero cortarle el cuello a esa rata personalmente. —Agregó lleno de ira.

—¿Y si Vysarane regresa aquí…? —Preguntó Kirstán, todavía con voz quebrada.

Tanto Uren cómo Pevek se sumieron en un incomodo silencio, rotos ante la idea de abandonar a su joven compañera.

—Yo me ocuparé de ella si aparece por Ner. —Los tres bandidos se sobresaltaron al escuchar una cuarta voz, proveniente desde la penumbra de la aldea.

El líder mercenario reconoció de inmediato la figura del alcalde, que se mostró a solas en aquel recóndito lugar, fuera de la ciudad que gobernaba.

El hermano de Helenia mostraba señales muy claras de profunda agonía, y las bolsas que tenía bajo sus ojos desvelaban las pocas horas de sueño que había logrado conciliar durante los últimos días.

—Remmie. —Logró decir Uren.

—He estado meditando… —Habló, mientras miraba a los tres forajidos—. No puedo acabar con los malnacidos que han tomado posesión de mi ciudad a solas… Pero puedo disimular desde dentro, ganar su confianza y ayudaros cuando más lo necesitéis.

—¿Sabes cómo es…? ¿Vysarane? —Preguntó el sureño, preocupado por la adolescente.

El alcalde asintió con la cabeza.

—La vi junto a mi hermana el día que la asesinaron. Os prometo que si aparece, la protegeré con mi vida… Vosotros centraos en debilitar a la escoria que se ha hecho con mi ciudad, y os juro que haré todo lo posible para que obtengamos nuestra venganza…

—Te juro por las dos lunas que no descansaremos hasta matar a los asesinos de tu hermana. —Dijo Uren sin titubear.

—Su sangre será lo que nos una contra ellos. —Agregó el alcalde, y comenzó a caminar hacia la penumbra del bosque—. Suerte… —Alzó la mano y despidió al grupo de mercenarios tan súbitamente como había aparecido…

Después de verlo marchar, los tres mercenarios habían perdido toda motivación por seguir discutiendo, y se sumieron en un profundo silencio, todos sabían perfectamente qué estaban pensando.

—¿Crees que volverá al pueblo…? ¿Después de lo ocurrido…? —Preguntó Pevek, sin demasiadas esperanzas de ver a su joven compañera.

—No lo sé… —Contestó Kirstán, cansado—. Preparad vuestros equipajes, me temo que no podemos quedarnos vagando por aquí cuando llegue el amanecer… —Dijo Uren, muy a su pesar. Los dos guerreros aceptaron a regañadientes, sabían que tenía razón—… Volveremos al sur, ahí pensaremos qué hacer junto a Fredwik.

***

Al norte de la aldea, a varios kilómetros de ahí, una sombra llevada por la ira dirigía sus pasos en silencio hacia la capital del imperio, ayudada solo por la información que había obtenido de su maestra…

Vysarane sabía que aquel viaje era el que más le enseñaría en toda su vida… Pero jamás habría sospechado que su estancia en Aben’dil ocuparía más tiempo del que pretendía en aquellos tiempos de dolor…

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