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Vysarane: Capítulo 34 – Cuatro años después

Las calles de la enorme ciudad eran tan prístinas como una figura de mármol recién esculpida. Mercaderes con el aspecto de nobles más que el de un mero vendedor abrían las puertas hacia sus establecimientos, mientras observaban con tranquilidad el amanecer dibujado en el cielo, sin ninguna preocupación por mantener una cuota diaria.

Patrullas imperiales paseaban conscientes de la tranquilidad que invadiría las calles de la capital, interrumpida eventualmente por algún beodo extraviado que encontraba su camino hacia el barrio más excéntrico y adinerado de Aben’dil…

La vida era tranquila allí, aislados de los problemas que habían al sur de la ciudad, o afuera, en otros lugares menos afortunados de la nación.

Esos eran los pensamientos de la joven que esperaba en los tejados de la ciudad, mientras sentía el suave mecer del viento sobre su rostro, sin necesitar asomarse para «ver» a la gente debajo, sabía exactamente dónde se encontraba cada uno de ellos.

Entonces lo escuchó salir del edificio, al hombre que había seguido durante los últimos días.

—¡Que las lunas os protejan! —gritó al salir de la tienda, antes de caminar a un ritmo más ajetreado que el del resto de habitantes.

Vysarane se puso en movimiento, y siguió con su oído al mensajero mientras caminaba por los tejados con un sigilo comparable al de un felino.

Todos los hogares y negocios del barrio noble eran considerablemente más altos que aquellos en Ner, e incluso los de la propia capital dentro de las calles menos afortunadas. Era arriesgado saltar de techo en techo, pues caer suponía una muerte casi segura, pero también era más fácil pasar desapercibida, especialmente durante el día, cuando no podía contar con la protección que sus oscuros ropajes le proporcionaban cuando asomaban las dos lunas.

La joven guerrera siguió al mensajero hasta llegar a un edificio incluso mayor que los demás, y notó el considerable trecho que había desde su posición hasta la entrada, dónde el hombre desapareció una vez más.

A pesar de sus esfuerzos, no recordaba haber entrado en aquel lugar y aunque disponía de su espectacular oído, ninguno de los soldados afuera decía nada, el imperio se había esforzado por mantener a los fisgones fuera de aquella gran construcción de piedra…

Vysarane sonrió, durante los últimos años había hecho de Aben’dil su campo de entrenamiento, había entrado en cualquier lugar, incluso aquellos que los rumores de la capital suponían imposibles.

Pero le faltaba un objetivo, como adolescente, había llegado a la capital y durante los primeros meses comprobó en sus propias carnes la falta de sustento en más de una ocasión, hecho que la obligó a perseverar e ingeniárselas para subsistir.

Esa situación había durado hasta que, con diecisiete, descubrió el maravilloso concepto de los empeños, que otorgó a la joven una fantástica oportunidad como ladrona.

Desde entonces había hecho su dinero con los objetos más valiosos de los miembros pertenecientes a la nobleza… Pero estaba cansada, su objetivo ahí era conseguir mejorar lo suficiente para evitar repetir la situación con su familia o Helenia, y vengar su muerte algún día… Llevaba demasiado tiempo viviendo una vida demasiado fácil.

—«Esta noche…» —Se dijo, dispuesta a arriesgar todo lo que había amasado en la capital imperial para conseguir una mera pieza de información en esa pequeña fortaleza…

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