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Vysarane: Capítulo 35 – Un rayo de luz

Vysarane regresó a la posición exacta que había abandonado esa misma mañana y se concentró en escuchar todo lo que ocurría en el amplio espacio que separaba los hogares nobles del edificio de piedra, mientras buscaba cualquier enemigo, así cómo algún lugar por dónde adentrarse, sin éxito.

La frustración invadió la mente de la joven, que a pesar de concentrarse en todos los ángulos, no lograba encontrar ninguna apertura… Debía provocar algún tipo de distracción.

El único problema que había identificado durante toda su estancia en Aben’dil era la iluminación que el imperio utilizaba, solo había una forma de lograr saber si había una antorcha cerca; detectando su calor, algo que en una situación de tensión era casi imposible, incluso para ella.

A pesar de tener esto presente, la joven decidió arriesgarse, y se acercó a uno de los soldados más apartados para abatirlo sin que los demás la detectaran.

La asesina caminó sin mostrar sus intenciones, y al dar solo unos pasos, comprobó con alegría que había escogido la opción correcta.

—¡Alto! —exclamó el centinela, y posó su mirada en la joven de atuendo negro—. Quédate dónde estás. —Agregó, a la vez que Vysarane oía como este acercaba sus pasos hacia su posición.

—Lo lamento. —Adoptó una voz de falsa preocupación—. Desde que perdí mi vista, continuo entrando en los sitios más insospechados… —fingió confusión, mientras escuchaba la distancia que los separaba atentamente…

—Oh, no había visto tu vendaj… —antes de terminar su frase, Vysarane llevó la mano hacia su empuñadura con asombroso sigilo, y extrajo su daga para arremeter de inmediato contra el cuello de aquel pobre soldado en apenas una fracción de segundo, e hizo que este se desplomara contra el duro suelo de piedra.

—«Mierda» —pensó, sin tiempo suficiente de agarrar el cuerpo inerte mientras caía.

La joven se concentró, y escuchó los pasos de tres guardas más que iban hacia su posición.

Antes de que llegaran, la joven se colocó la capucha, sabía que esa sería la única oportunidad que tendría para entrar, aunque distara de ser sutil…

—¿Markos? —preguntó uno de ellos, y buscó entre la penumbra la silueta de su compañero.

El guerrero más avanzado observó el cuerpo inerte de su amigo, con un fresco charco de sangre debajo, pero antes de dar la alarma, una daga apareció de entre las tinieblas, y se clavó de lleno en su nuez desprotegida.

Los otros dos guerreros observaron directamente al líder de su patrulla caer, y desenvainaron de inmediato sus espadas ante la desconocida amenaza.

Vysarane sabía que chocar aceros contra los centinelas sería lo peor que podía hacer a esas horas de la noche, cualquier señal de batalla entre las calles de Aben’dil despertaría a una marea de soldados que sería incapaz de confrontar.

La joven se acercó peligrosamente hacia los dos guerreros, y evadió con un simple y elegante movimiento las dos arremetidas, y aprovechó el salto para clavar su afilada daga en el riñón del más apartado. El ataque le hizo gemir de dolor y lo obligó a arrodillarse contra la piedra mientras comenzaba a respirar agitadamente.

En ese momento el último soldado la miró bañado en sudor, antes de comenzar a huir, temeroso de correr el mismo destino que sus compañeros. Pero Vysarane puso toda su atención en él, y en apenas segundos pudo atraparlo, y cuando lo hizo, clavó su afilada arma en el trozo de carne desprotegido bajo el cuello, y logró abatirlo con asombroso sigilo.

La joven se volvió hacia el único soldado con vida atrás, que intentaba taparse la mortal herida mientras se arrastraba lejos, horrorizado; a la vez que veía como aquella oscura asesina acercaba sus pasos hacia él, como un autómata sin sentimientos.

—¡Por favor!, ¡POR FAVOR! —comenzó a gritar, sin dejar de arrastrarse, pero sus palabras no tuvieron ningún efecto en la mente de la joven, que desenvainó su fina espada y la clavó en la pequeña apertura de su pechera, para destrozar sus órganos sin vacilar.

La joven no tardó ni un segundo en comenzar a moverse después de la caótica escaramuza, sabía que disponía de solo unos minutos hasta que alguien echara en falta la presencia de la patrulla que acababa de aniquilar.

Vysarane tomó las llaves que colgaban del capitán, y dirigió sus pasos hacia la entrada más cercana a la vez que escuchaba su suave tintineo. Cuando la alcanzó, posó su cabeza contra la puerta para escuchar el interior.

La joven asesina sonrió, el pasillo estaba completamente vacío.

Probó suerte con las llaves que había conseguido, y después de probar media docena, desbloqueó la entrada sin necesidad de forzarla.

El corredor era largo, incluso para el gran tamaño del robusto edificio. Vysarane no sabía exactamente qué buscaba allí dentro, pero sabía que el hombre que había oído entrar horas atrás era uno de los contactos de Tendriel; había escuchado su nombre de su boca en al menos dos ocasiones, aunque habría sido lo más sensato para su seguridad, no podía ignorarlo.

Las noticias de la ciudad mercante se habían vuelto de un tono gris y melancólico, cada vez más voces repetían la creciente necesidad de Ner entre las calles de la capital, pero ninguna mencionaba señales de batalla o rencillas, algo que a la mercenaria le pareció extraño, considerando el tiempo que había transcurrido desde la fatídica vuelta a la ciudad del general imperial.

Pero eso la beneficiaba, esperar e intentar sorprender a aquellos que creían haber salido airosos hace tiempo era exactamente la razón que la había llevado hasta Aben’dil.

—¿Quién va? —preguntó una voz tranquila, al fondo del pasillo.

—Traigo noticias de Tendriel. —Mintió la joven, había oído la presencia del soldado nada más entrar.

—¿Tendriel?, está en el palacio… ¿por qué enviaría un mensajero hasta aquí…? —dudó el imperial, y caminó decidido hacia la desconocida. Vysarane notó al guerrero envolver sus dedos en la empuñadura de su espada—. Tú no perteneces al imperio… ¿quién eres? —preguntó finalmente, y desenvainó su espada al divisar los oscuros ropajes que envolvían a la asesina.

—Una antigua amiga del general. —Contestó, preparada para agarrar su daga, sin dejar de mostrar esa fría tranquilidad.

El guerrero se arrojó hacia la joven, pero esta titubeó, tenía la necesidad de proceder en completo silencio.

Vysarane dio un salto hacia atrás y se concentró en el hombre que se acercaba irremediablemente hacia ella por el estrecho corredor, y entonces, notó algo en lo más profundo de su ser, un sentimiento de ira que se transformaba en pura energía, energía que envolvió a su atacante como una ominosa neblina encierra a los campesinos en sus granjas durante los días de invierno, que llevó al soldado a un sueño forzado de inmediato.

La joven se quedó quieta durante segundos, ahora solo podía sentir un silencioso vacío dentro del corredor… No sabía qué había hecho, pero no tenía tiempo de averiguarlo; la joven mercenaria se obligó a reaccionar y dejó el cuerpo inconsciente de aquel soldado atrás para seguir su camino.

El miedo inicial que sintió al experimentar semejante poder se transformó poco a poco en una amplia sonrisa de satisfacción; sin querer, había descubierto un arma mucho más poderosa que cualquier espada…

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